Fue divertido mientras duró (o cómo terminé mi relación con Facebook)

Al final, no fue tan difícil como creía. En realidad, seguramente nunca lo fue, pero la dependencia que las personas llegamos a tener con ciertas cosas o costumbres me hizo suponer que sí lo sería. Con un sentimiento ligeramente agridulce y no sin cierto dejo de culpa, presioné el botón que eliminaría mi cuenta de la mayor red social de nuestros tiempos y que, a ojos de varios de mis conocidos, me eliminaría del mapa digital. Hablo, por supuesto, de Facebook.

Mi relación con esta red social fue espinosa desde un principio. En algún momento del 2009 fue cuando, en parte por ocio y en parte por curiosidad, decidí abrir una cuenta. En realidad, no tenía una finalidad concreta o le veía alguna utilidad. Por supuesto, ya desde mucho antes conocía sobre otro tipo de redes, como la arcaica Hi5 o la aún existente y popular Twitter. Sin embargo, mientras esta última fue una revelación para mí, debido a que en ella encontré un lugar donde enterarme de sucesos al momento y seguir algunos de mis intereses, a Facebook la consideraba un lugar para ver y compartir cosas inútiles y sin sentido, y donde la gente acudía, en general, solo a perder el tiempo. Y mantuve esa idea por mucho, mofándome de las personas que estaban suscritas y ganándome algunos enemigos en el proceso. Sencillamente, Facebook no me interesaba (además de que el nombre siempre me pareció ridículo).

En retrospectiva, probablemente esa idea se debía a la envidia que sentía hacia las demás personas, quienes tenían amigos con los cuales compartir momentos, fotos y demás. En aquellos tiempos pasaba por una fase extremadamente solitaria de mi vida, sin ningún tipo de interacción social con otras personas, a excepción de mi familia más cercana. De modo que, cuando abrí la cuenta, el hecho de no tener amigos, conocidos o equivalentes (fuera en el “mundo real” o en Internet), le quitó prácticamente toda la utilidad al servicio, por lo que lo dejé como una mera cosa inútil producto de un capricho temporal. No es que no hubiera publicado nada, en realidad. Quise tratar de usar Facebook de distintas maneras, principalmente como un tipo de blog. Claro que pronto me convencí de que eso no era posible, debido a que me seguía faltando lo más importante: amigos. Y así quedó. No borré la cuenta, pero tampoco la usé activamente. Y así pasaron dos años, hasta que decidí entrar a la universidad.

Ya estando en una carrera, descubrí que mis compañeros (todos más jóvenes que yo) sí que usaban mucho Facebook, y hablaban de conceptos que yo conocía, pero que nunca había usado, como “muros”, “inbox” o “perfiles”. Por supuesto, el hecho de socializar con ellos (algo verdaderamente difícil para mí, que venía de casi siete años de nula interacción social) hizo que comenzara a ver el potencial del servicio. No fue un cambio súbito, y tardé un poco de tiempo en integrarme, prefiriendo, en pleno 2012, usar el vetusto MSN Messenger o los grupos de correo de Yahoo para comunicarme con el grupo. Pero rápidamente entendí que esos servicios tenían los días contados y que, si quería mantenerme en la actualidad, debía tragarme mi “orgullo geek” y aceptar Facebook como algo necesario y con una utilidad determinada.

Y lo disfruté, no voy a negarlo. Una vez liberado de los prejuicios iniciales, y una vez que aprendí a sacarle provecho, Facebook se convirtió en un lugar absorbente, entretenido y hasta divertido. Hice todo lo básico que hacía cualquier persona: publiqué fotos, compartí memes, dí “likes” a mansalva, compartí enlaces, etiqueté personas, dejé que me etiquetaran… En fin, que me convertí en un usuario más de la red social. Otro zombie, si es permisible usar ese término.

Pero en algún momento comenzó a perderse la magia. Poco a poco, me dí cuenta que la gran mayoría de lo que aparecía en mi news feed carecía de relevancia para mí. Las mismas imágenes una y otra vez. Los mismo “memes”. Los mismos copy/paste que podía ver en el news feed de cualquier otro usuario aleatorio de la red. Prácticamente no había contenido original, mis contactos casi nunca escribían más allá de uno o dos renglones para expresar su estado de acuerdo o desacuerdo con lo que compartían. Y en el caso de los comentarios, era lo mismo, o peor aún, todo se limitaba a un simple “like” sin ninguna aportación adicional. Para mí, Facebook empezó a convertirse en un sitio estéril donde, a pesar del calificativo de “red social”, lo que menos había era eso: interacción social. Algo contradictorio, si se toma en cuenta que varios de mis “amigos” ostentaban orgullosamente (¿?) el tener 100, 200 o más amigos agregados.

Eso motivó a que en varias ocasiones decidiera dejar de usar la red, o al menos, limitara el uso que le daba. Con la idea de querer volver a escribir, de querer volver a expresarme por mí mismo, anuncié no una, sino muchas veces que abandonaba Facebook para regresar a los blogs. Esos intentos, debo admitirlo, no duraron mucho más allá de un par de meses, potenciados en parte por mi falta de constancia para mantener una bitácora y en parte por mi falta de tiempo. Al final, terminaba por activar mi cuenta nuevamente y a caer en la espiral de irrelevancias y frivolidades de la gran F. Pero era una relación que ya estaba fría, que solo existía por simple rutina. Internamente sabía que no iba a durar mucho más. Y así ha sido. Hoy se cumplen 14 días desde que presioné el botón que me borraría completamente (o eso dicen) de los servidores de Facebook, y fueron estos 14 días los que me dieron como plazo para que toda mi información fuera eliminada. No puedo hacer, sin embargo, una semblanza de qué revelación ha sido el liberarme de Facebook, ni qué tan maravillosa ha sido mi vida desde entonces. Probablemente se deba a que ya en varias ocasiones había realizado esas “desintoxicaciones” y que ni en el móvil tenía la app instalada, así que el estar fuera de la red social no ha sido tan traumático para mí como lo pudo haber sido para otras personas.

¿Me arrepiento? Por ahora no. No niego la utilidad que puede llegar a tener Facebook para muchas personas, pero al final, en mi particular caso, han sido más las desventajas que las ventajas. Nada me encadenaba al servicio, y los pocos contactos que tenía agregados fueron avisados colectivamente (aunque, probablemente, muchos no se dieron cuenta), de modo que no creo perder comunicación con la mayoría de ellos. ¿Y qué haré ahora? Pues justo lo que estoy haciendo: escribir y leer. Las veces anteriores no había sentido la necesidad de hacerlo, posiblemente porque al solo haber desactivado la cuenta, sin borrarla, sabía que en cualquier momento me sería extremadamente simple reactivarla. Eso generaba en mí un estado de seguridad que, finalmente, hacía que no sintiera la necesidad de crear nuevas cosas. Pero esta vez es diferente. Ahora ya no puedo reabrir esa cuenta, y el proceso de volver a registrarme y regenerar mi lista de amigos es algo que no tengo ganas de hacer para nada. Por lo que mi atención se deriva a leer más (especialmente en Medium) y a pensar más en qué escribir (además, claro, de mi trabajo). Creo que es un cambio bueno, si bien no aceptable para toda la gente. Hay personas que deben estar en Facebook sí o sí, por trabajo, o porque su vida digital es mucho más elaborada que la mía, o yo qué sé. Para mí, esa relación ya estaba muerta y no encontré forma de resucitarla.

¿Significa eso que estoy peleado con todas las redes sociales? En absoluto. Twitter me sigue siendo muy útil para enterarme de noticias y sucesos actuales. Medium es mi nuevo lugar favorito de Internet, donde hay muchísimo qué leer y qué expresar, con palabras propias y sin tanto meme. De un tiempo acá, además, me he aficionado a varios podcasts.Y por supuesto, tengo una lista de blogs que sigo religiosamente por RSS. Facebook solo es un sitio de tantos en una categoría de servicios que es enorme. El más popular, sí, pero para nada el único. ¿Volveré a abrir una cuenta nueva algún día? No puedo asegurar eso ni positiva ni negativamente. Todo depende de las circunstancias futuras. Pero quiero pensar que para cuando llegue ese momento, Facebook como red social habrá perdido tanta relevancia que hacerlo implicará solo una molestia menor y sin importancia. El tiempo lo dirá.

Anuncios

Comenta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Un sitio web WordPress.com.

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: