Nuevos Horizontes, nuevas fronteras, nuevos retos

El 19 de enero de 2006 un cohete Atlas V despegaba de Cabo Cañaveral llevando en su interior un aparato destinado a cambiar la concepción que teníamos del, por entonces, noveno planeta del Sistema Solar, es decir, Plutón. Me refiero, por supuesto, a la sonda New Horizons (“Nuevos Horizontes”), la cual al momento de publicar esto, no solo ya ha llegado a su destino, sino que lo ha superado y está de camino hacia un nuevo objetivo: otros objetos del Cinturón de Kuiper.

Plutón, visto por la New Horizons el 13 de julio.
Plutón, visto por la New Horizons el 13 de julio (NASA).

Con motivo de un suceso así de histórico, y en cierta forma, usando eso como “pretexto” para darle nueva vida a este blog, y además, dado que no publiqué nada como preámbulo en los días anteriores, he decidido escribir un nuevo post al respecto. Por supuesto, no pretendo dar una cátedra de la historia de la misión, de las cuestiones técnicas de la sonda, de la biografía de su principal artífice (Alan Stern) ni de las características astronómicas o geológicas de Plutón. Para nada, pues de eso ya se han ocupado personas con mucho mayor conocimiento en esos temas que yo. Por lo que esta entrada tiene como meta algo más sencillo: retratar mis pensamientos y sensaciones respecto a la New Horizons y a lo que ha realizado (y que está por realizar).

Plutón y Caronte, vistos por la cámara LORRI el 11 de julio. El color está añadido a partir de datos de la cámara Ralph (NASA).
Plutón y Caronte, vistos por la cámara LORRI el 11 de julio. El color está añadido a partir de datos de la cámara Ralph (NASA).

Desgraciadamente, no pertenezco a esa generación que pueda presumir de haberse maravillado en tiempo real con los logros de las Pioneer y las Voyager en los 70’s y 80’s, ya que cuando la Voyager 2 llegó a Neptuno en 1989, yo no tendría más allá de tres años de edad, así que lo que aprendí de éste y de los demás cuerpos del Sistema Solar lo leí mucho después, ya bien entrada la década de los 90, en libros y enciclopedias que incluso, para esos años, ya estaban quedándose obsoletos. Por supuesto, en aquellos tiempos, cuando el Internet daba sus primeros pasos, la labor de divulgación se hacía de forma más o menos lenta, limitándose en varias ocasiones a unas cuantas revistas o noticias periodísticas, siempre con relativamente poca información y  en ocasiones con muchas redundancias, aunque claro, con bonitas fotografías. Se tenía ya buena idea de cómo eran los planetas tanto interiores como exteriores, y se habían descubierto cosas extrañas y a la vez fascinantes, como la actividad geológica de Ío, la superficie helada de Europa, la atmósfera de Titán o los géiseres de Tritón. De hecho, recuerdo bien, se jugaba con la hipótesis de cómo sería el ambiente y la posible vida que existiera en estos cuerpos. Una imagen que marcó en ese entonces mi infancia era una visión artística de la superficie de Titán, con nieve blanca y un cielo completamente azul, por donde se asomaba la imponente figura del planeta anillado. Varias otras lecturas entre las que figuraba un Atlas Visual del Espacio me hicieron soñar e imaginar que visitaba cada uno de esos planetas, lunas y asteroides.

Pero todas esas obras tenían siempre algo en común: la casi ausencia de datos sobre Plutón. Y es que a pesar de haber sido descubierto en 1930, el ex-planeta es tan pequeño y está tan lejos, que durante todo lo que restó del siglo XX y comienzos del XXI nadie podía asegurar exactamente cómo era. Aún con los mejores telescopios terrestres o con el Telescopio Espacial Hubble, lo máximo que se podía observar era una esfera de tonos ocres y anaranjados, con varios manchurrones de negro por aquí y por allá. Claro, no es que no se supiera nada. De hecho, se tenía una muy buena idea de su tamaño, masa, período y existencia de atmósfera, además de tres satélites (Caronte, Nix e Hidra), que posteriormente resultaron ser cinco (Cerbero y Estigia). Pero hasta ahí quedaba la cosa. Geología, características superficiales o detalles de la atmósfera quedaban fuera de la cuestión. Mucha de la literatura presentaba a Plutón como una esfera sin chiste, de color gris o azulado y a Caronte más o menos de la misma forma.

Por supuesto, todo eso ha quedado obsoleto. Desde ahora y a partir de los próximos meses tendremos mucha, muchísima información del planeta enano y su sistema de lunas. A partir de este martes 14 de julio, en cualquier medio dedicado a la astronomía, Plutón dejará de ser esa bola misteriosa en los confines del Sistema Solar y por fin tendrá una identidad, del mismo modo que Ceres, visitado por la sonda Dawn.

Miembros del equipo de la New Horizons el 14 de julio, viendo la última fotografía enviada por la sonda antes del encuentro (NASA/Bill Ingalls)
Miembros del equipo de la New Horizons el 14 de julio, viendo la última fotografía enviada por la sonda antes del encuentro (NASA/Bill Ingalls)

Ha sido un largo camino. Nueve años de viaje para cubrir los más de 4,500 millones de kilómetros que separan al sistema plutoniano de nuestro planeta. Recuerdo que en aquel 2006 yo, como cualquier aficionado a la ciencia y como cualquier aficionado a la astronomía, miraba con gran interés las noticias del lanzamiento de la New Horizons, si bien el estado de mis conocimientos era mucho más precario que ahora, lo que igualmente me impidió escribir algo en el blog que por entonces mantenía. Nueve años se me hacían muchos años de espera y no ayudaba mucho el hecho de que mi nivel de dominio del idioma inglés era casi inexistente, por lo que obtener información de primera mano a través de la web me era muy difícil. Pero esos nueve años han pasado, y aquí estoy, con una carrera científica iniciada y con mayor perspectiva de la importancia de este evento.

No quiere decir que una vez realizado el sobrevuelo ya no tengamos que saber nada más de Plutón, Caronte y compañía. Los datos enviados por la New Horizons seguirán llegando por varios meses más, y éstos no harán sino crear nuevas y apasionantes preguntas, que seguramente serán respondidas en un futuro, cuando una sucesora de la pequeña sonda regrese allá, tal vez para orbitar alrededor del planeta enano, o incluso para descender. ¿Ocurrirá dentro del espacio de nuestras vidas? Quién sabe. Probablemente sí, o probablemente no. Pero de una u otra manera, no debemos minimizar la importancia y trascendencia de este primer sobrevuelo, pues es una evidencia de lo que puede realizar la especie humana cuando se invierte tiempo, conocimiento y pasión en perseguir lo que a final de cuentas ha sido uno de los motores que nos han llevado a ser lo que somos: el afán de explorar y descubrir.

Plutón y Caronte en falso color. Puede verse la diversidad de características superficiales (NASA/APL/SwRI)
Plutón y Caronte en falso color. Puede verse la diversidad de características superficiales (NASA/APL/SwRI)

Queda mucho por hacer respecto a esto. Los demás objetos transneptunianos, como Eris, Haumea, Makemake o Quaoar están a la espera. Asteroides como Pallas o Juno. Europa, Ganímedes, Tritón, Miranda, Ío, Calisto o Titán también requieren de mucha exploración. Cometas, asteroides, lunas, planetas… En realidad, podemos decir que la labor de exploración espacial de la humanidad solo ha llegado a una más de muchas metas que quedan, pero en absoluto la última. La primer fase ha sido completada y se ha abierto la segunda. El nombre del mensajero que lo ha hecho posible deja bien claro esto. Hay Nuevos Horizontes que nos esperan.

Por todo esto, gracias, New Horizons. Nos has abierto las puertas a una nueva era. El futuro, depende ahora de nosotros y de los que sigan después de nosotros. Hay que aceptar el reto.

Emblema de la misión (NASA/JPL/APL/SwRI)
Emblema de la misión (NASA/JPL/APL/SwRI)
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