The return to innocence

Hace tiempo leí cierto artículo donde se hablaba de la ventaja e incluso de la necesidad de tener un blog en la red, aún existiendo alternativas como las redes sociales y su mayor conveniencia y rapidez aparente. No es necesario mencionar que desde mediados de la década anterior dichos medios han tomado una relevancia preponderante en el mundo informatizado de hoy en día. Es decir, la facilidad con la cual uno puede abrir una cuenta y expresar sus ideas -interesantes o no- al mundo es probablemente insuperable. Analicemos: no hay que configurar nada, el espacio está listo para usar desde el primer momento, podemos crear una red de conocidos o “amigos” casi inmediatamente y solo hay que escribir y pulsar “Post” o “Tweet” y listo. Y si en ese momento no estamos especialmente dispuestos a pensar en una frase o entrada creativa, siempre podemos robarnos repostear o retwitear cualquier cosa que alguien más haya escrito y seremos felices. La apoteosis de la conveniencia, oiga.

Pero al mismo tiempo, toda esa facilidad tiene un lado oscuro. Bueno, tiene varios, pero me centraré en el que me afecta de forma más directa y el que es motivo de que esté escribiendo esto justo ahora. Me refiero a la sobrecarga de información que se ve y vive en esas redes sociales. Como dije, es tan endiabladamente fácil postear algo, que nuestra línea de tiempo se puede convertir en un carrusel de noticias, imágenes y entradas que pasa tan rápido que en ocasiones no es posible dosificar lo que en verdad queremos ver o, peor aún, terminamos viendo todo eso de igual manera, aún lo que no nos interesa. Una forma de zapping esencialmente. Y éste que les escribe, se ha hartado precisamente de eso. La avalancha de memeces y demás cosas que son publicadas día a día en Facebook especialmente ya ha alcanzado mi límite. Bueno, no es que en realidad tuviera un límite. De hecho, mi unión a esa red social (hablo específicamente de Facebook porque es la que más me ha cansado) fue cuestión de simple experimentación primero y necesidad académica -algo que considero ignominioso- después. Pero en los últimos días, simplemente me he cansado de ello. Y por eso he tomado la decisión de alejarme de Facebook. Punto.

Tristemente, no puedo cerrar la cuenta todavía. Para bien o para mal, la gran mayoría (o todos) mis contactos de la facultad y familia están ahí. Y no conocen otro lugar para crear grupos de trabajo, compartir archivos o chatear. Así que, aunque me pese, no puedo salirme completamente. Pero he decidido dejarlo en un 90% o más, si me es posible, al menos durante los dos meses que tengo de vacaciones. Y por eso mismo estoy escribiendo ahorita.

Porque voy a volver a bloguear. Porque quiero que las ideas que doy a conocer sean más que un simple post que vivirá una media de cinco minutos en el newsfeed de mis contactos. Y por otras razones que ya expliqué en mi otro blog. Básicamente, porque se me pega la gana. Así que a partir de ya, mi presencia en la red se reducirá a mis dos blogs, éste y mi LiveJournal que lo guardo para cosas enteramente personales, mi cuenta en Google + (donde he encontrado contenido más interesante y puedo dosificarlo de mejor manera) y una que otra vez, Twitter. Puedo incluir a Flickr o a DeviantArt, pero su uso es casi anecdótico.

De modo que así conmigo. Escribiré ahora sí las decenas de entradas que se han acumulado en mis borradores y me sacudiré de esa desidia y conformidad que me ha dejado el Facebook. Retornaré al que considero mi verdadero “yo” en el Internet.

Anuncios

Comenta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Un sitio web WordPress.com.

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: